"El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará" (Levítico 6:13).
Quizá se ha preguntado: ¿Por qué miles de personas permanecen por horas a las puertas del Avivamiento esperando impacientemente que comience cada reunión? ¿Qué hace un Avivamiento, para que vengan miles y hagan fila para entrar? Debes saber que no es un artista, ni un gran predicador, sino que en medio nuestro hay un fuego, bajo el cual los hombres vienen a exponerse, un fuego que debe arder en el corazón de los creyentes, que te lleva a hacer una oración apasionada y hace que tú ardas de amor por Jesús, ese fuego es el Espíritu Santo.
En 1 de Tesalonicenses 5:19 el apóstol Pablo nos dice: “No apaguéis al Espíritu”. Es por eso, que debemos evitar a toda costa darle lugar a la carne y tener especial cuidado con las personas a nuestro alrededor que no entienden el fuego, la fe y la pasión que tenemos por Él, pues el diablo tiene miedo de un creyente que tiene la llama ardiendo en su corazón y buscará a toda costa apagarla.
Como creyentes somos absolutamente responsables de ese fuego que el Espíritu Santo ha puesto en nosotros, y es por eso que no podemos desviarnos, ni salirnos de la misión que como iglesia Jesús nos dio.