El libro de Habacuc fue escrito antes de la caída de Jerusalén (en el año 596 antes de Cristo), en la época en que Judá era gobernada por reyes malos, opresivos y violentos. En este libro, Dios le da a Habacuc una visión de la futura invasión de Babilonia, que Dios usaría para castigar a Judá.
Habacuc clamó, “Señor, ¿cómo dejas que esta gente se salga con la suya con toda esta maldad? ¿Por qué no haces algo al respecto?
Pero Dios no cambió la situación, como Habacuc le había pedido. El no expulsó a sus enemigos. Pero le reveló Su plan, que Dios, eventualmente, destruiría los planes de aquellos que confiaban en sí mismos.
Cuando Dios le presentó a Habacuc el cuadro completo, y le habló acerca de la victoria que vendría, el profeta se sintió profundamente conmovido, e impresionado por la grandeza del Señor. Habacuc, eventualmente tomó la decisión de alegrarse en el Señor, aunque no se alegraba por la invasión que estaba por venir.
El profeta comprendió que la fe no siempre entiende los medios de Dios, pero confía en los motivos de Dios. “La fe es tener una confianza plena en el carácter de Dios, aunque no entienda Sus caminos en ese momento”.
¿Cómo pudo Habacuc cambiar? ¡POR MEDIO DE SU FE EN DIOS! El profeta sabía que el sufrimiento en las manos de un Dios amoroso podría traer gran bien. ¿Te está probando Dios a ti en estos momentos? La marca de una fe madura es la de regocijarse, aun en el dolor, porque confías en el Señor, de que tu futuro terminará siendo bueno.
La oración de Habacuc, que se encuentra en Habacuc 3, es un poderoso testimonio de fe y confianza en Dios, incluso en medio de la adversidad. Habacuc, después de expresar sus inquietudes y preguntas a Dios sobre el juicio venidero, termina reconociendo la soberanía y el poder de Dios, y declara su gozo y confianza en Él a pesar de las circunstancias.